
Degustar un "jardín de mariscos" sentado en el restaurante frente al mar o comprar el "congrio fresco" que ofrecen los locatarios de la caleta vecina es casi una regla para el turista. Lo que no es ley es saber que ese mismo pescado que se oferta nunca salió de los botes apostados en la playa. Muchos lo desconocen, pero la mayoría viene de Santiago.
Situación repetida en buena parte de las playas y balnearios del litoral central, la culpa es de la falta de recursos marinos y la alta demanda en el verano. Por ello, locatarios de caletas y dueños de restaurantes han debido abastecerse a través del Terminal Pesquero capitalino, que recibe el 90% de los productos que provienen de las costas chilenas (principalmente de la X y IX Región).
Marcelo Gallardo, gerente del terminal, cuenta que más de siete mil personas llegan en la semana a comprar. Entre sus clientes hay dueños de restaurantes, ferias libres y distribuidores mayoristas que proveen de recursos a las regiones de Valparaíso y Coquimbo. "Les vendemos congrio, reineta, merluza, almejas, choritos, camarones y choro maltón", asegura. Según Gallardo, la preferencia se debe a que son productos certificados, "de excelente calidad y frescura".
Caleta Portales, en Valparaíso, es un ejemplo. Allí reconocen que en el último tiempo han debido nutrirse de productos que no son de su zona.
Eduardo Quiroz, presidente del sindicato de pescadores, cuenta que "las áreas de manejo ya no se dan, las corrientes han cambiado y cada vez es más difícil extraer mariscos". Por eso, dos veces por semana llega un camión de Santiago. Algo parecido ocurre en San Antonio, donde los restaurantes esperan a los camiones para que los surtan de piures, machas y choritos. Cristián González, del restaurante La Cholita, dice que "comprar acá esos mariscos sale más caro y no sabemos si están frescos".
Lo mismo pasa en el Unicornio Azul de Maitencillo, donde cuentan que los recursos que hay en la zona no les alcanzan: "Estamos obligados a comprar a otras zonas", dice su dueño, Hugo Ordenes. Por ejemplo, un kilo de machas cuesta $ 2 mil en el balneario, mientras que las de Santiago llegan a $ 1.600.
Pasa igual con los tradicionales locales de Concón. En la caleta Higuerillas afirman que deben traer corvina, camarones y reineta desde Santiago. Más al norte, La Serena no escapa al problema: se abastecen de reineta, merluza austral y choros sureños. Incluso, las reconocidas cocinerías de caleta Lenga, en la Región del Biobío, traen productos desde Puerto Montt, debido a la contaminación de la zona, la escasez de recursos y la disminución de pescadores artesanales (quedan sólo 30). Quienes escapan a esta situación son, por ejemplo, Iquique, que se abastece de su propia costa, o Quintay, en la V Región, donde tienen una exclusiva oferta de pescados de roca.