Peces muertos, ríos que desembocan al mar con altas concentraciones de dioxinas y sulfatos, mariscos y bivalvos completamente degradados e incomestibles, comunidades costeras afectadas gravemente por no poder consumir agua de sus pozos y pescadores artesanales sin más trabajo: todo lo que antes extraían del mar, ahora está contaminado y no se puede ni siquiera comer.
Esta no la descripción de un afiebrado ambientalista o de un político en busca de votos descontentos. Es simplemente el relato de la cruda verdad que están sufriendo pescadores artesanales de la Séptima Región, quienes vieron cómo los pejerreyes y otros peces como lisas, carpas y salmones flotaban muertos sobre el lecho del río Mataquito.
Lo peor de todo es que no es la primera vez que ocurre un desastre como éste en el río. Ya a mediados del año 1999 y en tiempos posteriores ocurrieron catástrofes similares, que llegaron incluso a tribunales, pero no tuvieron los resultados legales esperados así como la repercusión mediática que en la actualidad posee este desastre ambiental.
Debe ser porque después del desastre de Valdivia, en el Mataquito se reconoce por fin un único y gran culpable. La planta de Celulosa Licancel perteneciente a Forestal Arauco y Constitución.
Arauco sigue haciendo de las suyas.La planta de celulosa Licancel, propiedad de Celulosa Arauco y Constitución, ubicada en la comuna de Licantén, a orillas del Río Mataquito, está a cercanos 25 kilómetros de la desembocadura del río, donde se junta con el mar. Comenzó sus operaciones hace más de 10 años. Esta empresa también es dueña de las plantas de Constitución, Nueva Aldea, Arauco y Valdivia,
En Valdivia, después de varios de años de discusiones, se instaló la planta de celulosa Valdivia, en la comuna de San José de la Mariquina. Al poco funcionar, la planta tuvo que detener sus funciones, puesto que el pestilente olor a celulosa que se huele a kilómetros de la planta, llegó hasta Valdivia, donde se le interpusieron recursos legales hasta solucionar ello. Luego, comenzó el desastre ambiental en el Santuario de la Naturaleza, donde los cisnes muertos dieron cuenta del daño ambiental provocado por la planta, la cual evacuaba sus riles en este lugar. Nuevamente, tuvo que detener sus funciones, porque ya era obvio para muchos que el único culpable era la planta de celulosa.
Ante tamaño problema, CELCO indicó que una solución era instalar un ducto al mar (en realidad la única propuesta es trasladar el conflicto de un lugar a otro) para ahí evacuar los riles de esta industria, avalado incluso por el entonces Presidente de la República, Ricardo Lagos, en agosto del 2005. Producto de las declaraciones desafortunadas de Lagos, más de un millar de pescadores artesanales de los sindicatos bases de FIPASUR, se reunieron en masa en la Plaza de la República de Valdivia para decir “No a la instalación de un ducto al Mar”. Para el 2006, CELCO, apoyados por la Armada, intentó hacer los estudios necesarios para instalar un ducto hacia el mar, pero fueron impedidos por la fuerza de los pescadores de Mehuín.
En la actualidad, CELCO ha solicitado dos años de prórroga para presentar los estudios ambientales necesarios, declarando que Mehuín ya no es prioridad teniendo hasta abril del 2009 el plazo para entregar una alternativa de descarga de riles. Riles que deben descargarse por algún lado. La pregunta es dónde. ¿Acaso es que aún piensan en el mar?
Futuro mar de la XIV región ¿contaminado con riles de CELCO?Lo que ha ocurrido en Licantén, a todas luces es una situación paradójica. Por un lado, las autoridades de la Séptima Región han asumido una posición activa frente al desastre ambiental en el Mataquito, lo cual no hubiese sido posible antes, si no tuviese que ocurrir el problema en Valdivia, su río y su mar, ya que desde el año 1999, los pescadores de la región del Maule venían denunciando a la planta Licantén por la constante mortandad de peces y contaminación de recursos marinos, pero no habían sido escuchados.
Valdivia fue una voz de alerta frente a los nocivos residuos industriales de CELCO que son desechados a los cuerpos de agua; en este caso, el Santuario de la Naturaleza. Mataquito fue ahora la señal comprobable que los riles de CELCO son contaminantes, venenosos y que pueden matar toda vida animal de ríos y mares.
¿Debemos esperar entonces que sea el mar de nuestra región, el próximo blanco de CELCO, el cual acabará no sólo con la vida marina costera, si no con los 3.000 pescadores artesanales y sus respectivas familias de las comunidades costeras de nuestra XIV Región de Los Ríos?
Lamentablemente en nuestro país debe ocurrir una catástrofe para que recién nuestras autoridades y las grandes empresas que se benefician a costa del medio ambiente, reaccionen; es por ello que nuestra respuesta a todos ellos es: “No permitiremos de forma alguna, ni ahora, ni en dos años ni nunca la instalación de un ducto al Mar en nuestras costas”
Prensa FIPASUR.cl
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